Siempre que se habla de 'techos verdes', lo primero que llega a la mente es un jardín, instalado en la terraza de un edificio, en donde se siembran plantas ornamentales que limpian el ambiente y capturan dióxido de carbono. Los hay por todo el mundo, principalmente en Alemania, y no faltan en edificios bogotanos.
Pero ahora también se están viendo en Soacha. Solo que allí no se usan únicamente para decorar o purificar el aire. Familias desplazadas del sector de Cazucá decidieron sembrar en sus techos lechugas, rábanos, cebolla larga, espinacas y perejil.
Son como 'huertas en el aire', que contribuyen con el ambiente y sirven para autoabastecerse. Incluso, Ivis Díaz, una monteriana que llegó a Cazucá huyendo de la violencia, está pensando en vender algunos de sus excedentes entre sus vecinos.
Pero ahora también se están viendo en Soacha. Solo que allí no se usan únicamente para decorar o purificar el aire. Familias desplazadas del sector de Cazucá decidieron sembrar en sus techos lechugas, rábanos, cebolla larga, espinacas y perejil.
Son como 'huertas en el aire', que contribuyen con el ambiente y sirven para autoabastecerse. Incluso, Ivis Díaz, una monteriana que llegó a Cazucá huyendo de la violencia, está pensando en vender algunos de sus excedentes entre sus vecinos.
Esta variante en el uso del 'techo verde' fue ideada por Carolina Forero, de la facultad de Ecología de la Universidad Javeriana, quien la sustenta como una herramienta para la seguridad alimentaria y la sostenibilidad ambiental.
Ahora, su proyecto es apoyado por la Fundación Catalina Muñoz, que lo llevará a una urbanización de 100 casas que se está gestando cerca de Sibaté (Cundinamarca), para reubicar a familias de Soacha afectadas por el invierno.
En los tejados, las hortalizas están sembradas en botellas de plástico recicladas y unidas entre sí por tubos que conducen agua lluvia, y que forman además un eficiente sistema de riego. Cada techo puede sostener hasta 576 plantas, que se cosechan cada dos meses y que cumplen con otra función: capturar agua, que en otro escenario caería al suelo y contribuiría a la erosión de laderas.
Rosa Murillo, chocoana, con cinco hijos, ya sacó la primera cosecha de lechugas. "Pero no solo podemos cubrir una parte de la alimentación. Desde que instalamos el cultivo hemos sentido que la casa tiene mejor temperatura".
Ahora, su proyecto es apoyado por la Fundación Catalina Muñoz, que lo llevará a una urbanización de 100 casas que se está gestando cerca de Sibaté (Cundinamarca), para reubicar a familias de Soacha afectadas por el invierno.
En los tejados, las hortalizas están sembradas en botellas de plástico recicladas y unidas entre sí por tubos que conducen agua lluvia, y que forman además un eficiente sistema de riego. Cada techo puede sostener hasta 576 plantas, que se cosechan cada dos meses y que cumplen con otra función: capturar agua, que en otro escenario caería al suelo y contribuiría a la erosión de laderas.
Rosa Murillo, chocoana, con cinco hijos, ya sacó la primera cosecha de lechugas. "Pero no solo podemos cubrir una parte de la alimentación. Desde que instalamos el cultivo hemos sentido que la casa tiene mejor temperatura".

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